jueves, 21 de abril de 2016

Los Gauchos.

Su origen se remonta al 1600, cuando las llanuras a ambos márgenes del Río de la Plata estaban repletas de ganado salvaje llegados a estas tierras con Pedro de Mendoza, el primer adelantado del Río de la Plata, en 1538.
En ese entonces el gaucho era el habitante vagabundo de las pampas,que viajaba sin rumbo fijo en su caballo, con boleadoras, poncho, lazo, cuchillo yerba mate, sal, tabaco, como único equipaje, y a veces acompañado por una mujer.
El gaucho de cada región del país tiene su propias características y usa distinto atuendo que se adapta a las necesidades e inclemencias de cada geografía.
El comercio de cueros y carne de ganado cimarrón (salvaje), muy preciados por los comerciantes europeos y portugueses del Brasil, generó la fuente de sustento de los paisanos –criollos, mestizos y mulatos- que vivían libremente en las pampas, sin empleo fijo, cazando y cuereando a estos animales.
En las excursiones de caza llamadas vaquerías, derribaban a las vacas con sus boleadoras (arma de origen indígena, que consta de tres bolas de piedra, madera o metal, recubiertas en cuero, y atadas entre si desde los extremos con lonjas de cuero, que se revolean y se lanzan a las patas del animal para derribarlo).
También usaban una caña larga con una medialuna de metal afilado en la punta, para cortar los tendones de las patas traseras del ganado, mientras lo perseguían a caballo.
La insaciable demanda del cuero, por parte de Europa, hizo que el ganado cimarrón desaparezca prácticamente del litoral argentino, siendo los mas beneficiados los comerciantes portugueses.
Además, los gauchos debían competir con los indios, quienes también se dedicaban al negocio de los cueros.
Su destino, entonces, fue diverso; algunos se alistaron para luchar en las montoneras con los caudillos federales, alcanzando con esto un nuevo y mejor status.
Otros se emplearon como peones en los saladeros de carne, o trabajaron en las haciendas, de esto último deriva el nombre genérico "gauchos" para todos los hombres de campo, de a caballo, sean éstos peones o estancieros, quienes se enorgullecen de vestir a la usanza gauchesca como identificación con su labor y su tierra.
El gaucho fue marginal, pero aún así se lo veía con mucho respeto, por ser libre, duro, por su extraordinaria destreza como jinete y ser hábil con las manos, por su solidaridad y su ingenio. De esta admiración surgió la poesía gauchesca, sus escritores utilizaban el lenguaje gaucho, sus dichos y sus ideas.
La figura romántica del gaucho, como hombre independiente y rudo, pero leal y sabio fue emblemática para autores como José Hernández que escribió el "Martín Fierro", donde el gaucho toma dimensión de héroe, o para Ricardo Güiraldes, que en "Don Segundo Sombra" narra sus vivencias junto a estos hombres de campo en el pueblo de San Antonio de Areco.

jueves, 14 de abril de 2016

El Himno Nacional Argentino.

Los asambleístas Fray Cayetano Rodríguez y Vicente López y Planes preparan, cada uno por su lado, un nuevo texto. Durante la sesión del 11 de mayo de 1813, López y Planes da a conocer su obra y obtiene la aprobación unánime de la asamblea, incluido Fray Cayetano, quien admirado retira su propia letra. El original aprobado por la asamblea es el siguiente:

Oíd mortales el grito sagrado
Libertad, libertad, libertad;
Oíd el ruido de rotas cadenas
Ved el trono a la noble igualdad
Se levanta en la faz de la tierra
Una nueva, gloriosa nación
Coronada su cien de laureles
Y a sus plantas rendido un león.

Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
La grandeza se anima en sus pechos;
A su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huecos revive el ardor
Lo que va renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

Pero muros y sierras se sienten
Retumbar con horrible fragor
Todo el país se conturba por gritos
De venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

¿No los veis sobre México y Quito
Arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto y llantos, y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
Todo pueblo que logran rendir?

A vosotros se atreve argentinos
El orgullo del vil invasor
Vuestros campos ya pisa cantando
Tantas glorias hollar vencedor
Mas los bravos, que unidos juraron
Su feliz libertad sostener
A estos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor
El clarín de la guerra, cual trueno
En los campos del sud resonó
Buenos Aires se opone a la frente
De los pueblos de la ínclita unión
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo león.

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán
La colonia y las mismas murallas
Del tirano en la banda oriental
Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.

La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la libertad
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín
Y de América el nombre enseñado
Les repite, mortales oíd:
Ya su trono dignísimo abrieron
Las provincias unidas del Sud
Y los libres del mundo responden:
Al gran pueblo argentino salud.

Finalmente el texto fue modificado y se transformó tal como lo conocemos hoy en día:




El Folklore.

La música folklórica argentina tiene una historia centenaria que encuentra sus raíces en las culturas indígenas originarias. Tres grandes acontecimientos histórico-culturales la fueron moldeando: la colonización española, la inmigración europea y la migración interna .

Aunque estrictamente «folklore» sólo es aquella expresión cultural que reúne los requisitos de ser anónima, popular y tradicional, en Argentina «folklore» o «música folklórica» es la música popular y tradicional de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas.

En Argentina, el folklore comenzó a adquirir popularidad en los años treinta y cuarenta, en coincidencia a una gran ola de migración interna desde el campo a la ciudad y de las provincias a Buenos Aires, para instalarse en los años cincuenta, con el «boom del folklore», como género principal de la música popular nacional y tradicional junto al tango.

En los años sesenta y setenta se expandió la popularidad del «folklore» argentino y se vinculó a otras expresiones similares de América Latina, de la mano de diversos movimientos de renovación musical y lírica, y la aparición de grandes festivales de este género, en particular, el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, probablemente el más importantes del mundo en ese campo.

Luego de ser seriamente afectado por la represión cultural impuesta en la dictadura instalada entre 1976-1983, la música folklórica resurgió a partir de la Guerra de las Malvinas de 1982, aunque con expresiones relacionadas a otros géneros de la música popular argentina y latinoamericana, como el tango, el llamado «rock nacional», la balada romántica latinoamericana, el cuarteto y la cumbia.

La evolución histórica fue conformando cuatro grandes regiones en la música folklórica argentina: la cordobesa-noroeste, la cuyana, la litoralena y la surera pampeano-patagónica, a su vez influenciadas, e influyentes en, las culturas musicales de países fronterizos: Bolivia, sur de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Atahualpa Yupanqui es unánimemente considerado el artista más importante de la historia de la música Folklórica Argentina.
El Mate Argentino!!



El Dulce de Leche.

Nuestro exquisito dulce de leche, envidiado por el mundo tuvo su origen de esta manera:
Año 1829, estaban por reunirse para firmar un pacto de paz Juan Manuel de Rosas y su enemigo político (y primo hermano) Juan Lavalle en la estancia del primero en Cañuelas, a las afueras de Buenos Aires. Lavalle fue el primero en llegar y, fatigado, se recostó sobre el catre de Rosas, y se quedó dormido. La criada de Rosas, mientras hervía leche con azúcar (preparación conocida en esa época como lechada) para acompañar el mate de la tarde, se encontró con Lavalle durmiendo sobre el catre de su patrón. Ella lo consideró una insolencia y fue a dar aviso a los guardias.

Poco tiempo más tarde arribó Rosas, quien no se enfadó con Lavalle y pidió a la criada el mate con leche. Ésta recordó en ese momento que había abandonado la leche con azúcar al fuego, dejándola calentar durante un largo tiempo. Al regresar a buscar la lechada, la criada se encontró con una sustancia espesa y amarronada. Su sabor agradó a Rosas y se cuenta que compartió el dulce con Lavalle mientras discutían los puntos del pacto, dando así un origen accidental al dulce de leche.

Hoy es un manjar compartido por el mundo, usado para diversas comidas y postres.
El Asado.

Se pude decir que la historia del asado argentino comenzó con los gauchos y las vacas. Cuando las vacas andaban libres, los gauchos las agarraban a campo abierto, las faenaban y las asaban.


En Manual del Asador Argentino, de Raúl Mirad, se cuenta de un jesuita italiano que anduvo por las pampas a comienzos de los 1700. Allí el misionero se impresiona por los gauchos y su destreza para faenar la carne, colocarla en palos que clavaban en el suelo, inclinados sobre una fogata bajo las estrellas. Esa misma imagen impresionó a Charles Darwin, quien llegó a tierras argentinas en 1832 y que un año después ya se sentía parte de la pampa, como escribía a su hermana en una carta citada por La Nación: "Me he convertido en todo un gaucho, tomo mi mate y fumo mi cigarro y después me acuesto cómodo, con los cielos como toldo, como si estuviera en una cama de pluma. Es una vida tan sana, todo el día encima del caballo, comiendo nada más que carne y durmiendo en medio de un viento fresco...".

miércoles, 13 de abril de 2016

Boludo y Pelotudo:

La palabras "pelotudo" y "boludo" son dos de los insultos más comunes en nuestro país, pero también es cierto que en muchas ocasiones se las utiliza como una manera canchera de llamar a alguien, incuso a un amigo: "Che, boludo...".
Ambas palabras están reconocidas por la Real Academia Española como términos referidos a una persona "Que tiene pocas luces o que obra como tal", entre sus significados. 
Estas palabras se originan en las guerras de la Independencia argentina, cuando nuestros gauchos peleaban contra un ejército de lo que en aquella época era el Primer Mundo: el español. 
Frente semejante poderío, nuestros gauchos montoneros, de calzoncillo cribado y botas de potro con los dedos al aire, sólo tenían para oponerles pelotas (piedras grandes con un surco por donde ataban un tiento) y facones (a los que algunos amarraban una caña tacuara para improvisar una lanza precaria). Pocos tenían armas de fuego: algún trabuco naranjero o arma larga desactualizada.
Por lo tanto nuestros gauchos se formaban en tres filas para poder defenderse. La primera era la de los "Pelotudos", que portaban las pelotas de piedra grandes amarradas con tientos. La segunda, era la de los "Lanceros", con facones y tacuaras. Y la "Tercera" la integraban los "Boludos", con sus boleadoras y bolas.
Cuando los españoles cargaban con su caballería, los "Pelotudos", haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete, provocando la caída de los soldados que venían atrás.
Los "Lanceros" aprovechaban esta circunstancia y pinchaban a los caídos.
Finalmente, los "Boludos", los rematan en el piso a pura boleadora.
Luego, allá por 1890, un Diputado de la Nación aludiendo a lo que hoy llamaríamos “perejiles”, dijo que no había que ser "tan pelotudos" en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar.
Esta fue la doble acepción que se le dio al término: 1º, aguerrido: 2º, estúpido. 
En las dos últimas décadas, reemplazando a otros modismos de nuestro dialecto cotidiano, las generaciones más jóvenes vienen intercalando cada dos o tres palabras un "boludo" o un "pelotudo", a veces por nada, a veces como respuesta, y a veces en lugar de decir “querido”. Vale decir, son términos de uso múltiple que todavía tienen algo del sentido original.